Foto del alma
Un día llegó una señora a la escuela y dijo que estaban regalando unos perritos. Yo no podía quitármelo de la cabeza: quería pasar después a ver si podía llevarme uno.
Fui a casa y luego salí a buscarla con mi abuelo. Cuando llegamos, me mostraron dos cachorritas: una blanca con manchas y otra negrita. Mi abuelo quería un perro macho, uno que cuidara la casa… pero insistí tanto que terminó dejándome llevar a la negrita. Esa era Blaky.
De regreso a casa, caminando detrás de nosotros, tomé una foto que no existe en ningún álbum: mi abuelo, Blaky y yo. La guardé en el alma. Por eso la llamé foto del alma.
Hoy sigo con el resto de mi familia, pero de esa foto soy el único que queda. Mi abuelo y Blaky ya no están. Aun así, cada vez que la recuerdo, los tres seguimos caminando juntos de vuelta a casa.